Experiencias que confluyen

Experiencias que confluyen

Cuando terminaba la carrera tuve la oportunidad de realizar mis prácticas implementando un taller de crecimiento personal con personas sin hogar. A voz de pronto puede resultar chocante; una persona que no tiene comida, no tiene un techo, no tiene apoyo social, lo que más necesita no es un taller de crecimiento personal. Sin embargo, mi compañera y yo asistimos a una bella transformación en la que once hombres “desahuciados” por la sociedad iban recobrando sentido de pertenencia, no sólo pertenencia al grupo que se había formado en el albergue, sino a una sociedad que por momentos sentían que les había dado la espalda. Al finalizar el taller, entre los momentos que decían que iban a echar de menos, destacaban: tomar un café conversando con alguien de algo cotidiano, tener una rutina, una cita a la que acudir en una hora concreta, compartir un espacio de reflexión.

Se deben preguntar: ¿qué tiene que ver todo esto con la mediación?. Lo importante de aquel taller fue la atención prestada a las personas, a sus emociones. El contenido giraba en torno a sus vivencias, eran sus problemas, sus pensamientos los protagonistas de los encuentros semanales. Y ese transfondo fue lo que a mi forma de ver dio lugar a la transformación. Cuando acabamos, sus problemas económicos, las decisiones difíciles que tenían que afrontar cada día, no habían desaparecido, pero no eran los mismos hombres del principio. Habían recogido la toalla que creían tirada. Habían descubierto compañeros de camino donde sólo veían contrincantes (pues luchaban cada día por las pocas plazas del albergue). Habían hecho del albergue, un lugar de encuentro, no sólo un techo esporádico.

Frecuentemente nos encontramos con que cuando una pareja toma la decisión de separarse una de las opciones iniciales en las que piensan es que necesitan un abogado, o dos, que marquen la pauta económica, de convivencia, etc. En algunos de los casos, están de acuerdo en llegar a un mutuo acuerdo frente a un/a abogado/a en base a un formato estándar. La mediación no suele ser la primera opción que se plantean, en ocasiones ni siquiera conocen su existencia. Sin embargo, sí suele ser el método que consigue explotar el potencial de adaptación de la familia/persona. La mediación atiende a las personas, parte de sus emociones, de sus preocupaciones, deja que creen la receta y se miren, se vean, igual que se vieron aquellos once hombres del taller. A través de la mediación las personas pueden cerrar procesos integrándolos, no escondiéndolos en el fondo del baúl;  encuentran compañeros de camino en la atención a los/as menores o personas dependientes, entienden que tienen capacidad para gestionar sus decisiones y se empoderan.

Es esa la relación que encuentro entre mis dos experiencias, como psicóloga en el taller y como mediadora posteriormente. Lo importante no es el contenido, lo importante es el proceso, la atención centrada en la persona. Se trata de fortalecer a los participantes y activar herramientas que les ayuden a gestionar futuras decisiones. El resultado puede variar, pero será producto de su esfuerzo. Acudir a mediación simboliza agarrar con fuerza la toalla que por momentos pensaron en ceder a terceros, para que decidiesen por ellos. Entender que el camino puede ser difícil, pero es su camino al fin y al cabo.

Yurena Sánchez Ramírez

Mediadora familiar