El conflicto de la falsa rosa de Alejandría

El conflicto de la falsa rosa de Alejandría

Ordenando apuntes y capetas me tope con una especie de postal realizada de forma manual que contenía una dedicatoria de agradecimiento en su portada, y en su interior una preciosa rosa bordada con mucho esmero, con una especie de hilo o tanza de un color rojo muy brillante. Inmediatamente me vino a la mente la rocambolesca escena en la que vi por vez primera una postal semejante.

Trabajaba en un Centro Penitenciario en el que el azar y las circunstancias del lugar me llevaron a tener que mediar más veces que a hacer terapia psicológica, que era supuestamente para lo que estaba allí.

En aquella época los internos, llevados por la “moda” que imperaba en aquella “microsociedad”, bordaban este tipo de rosas a madres, esposas, novias y a todo ser de género femenino que se merecieran tal honor. Las llamaban obstinadamente “Rosas de Alejandría”, aunque su apariencia no tuviera nada que ver con lo que en realidad estas eran. Debido a ello, entre bromas y veras solía decirles que eran “rosas falsas”, sin que ello hiciera que modificaran el calificativo que, a su entender, estas merecían poseer.

En una ocasión se produjo una disputa entre dos internos, el motivo,… el matiz, o brillo del hilo rojo con el que bordaban esta flor, pues la persona responsable de comprarlos y llevarlo al centro, un interno con permiso de fin de semana, se había equivocado al elegirlo, según su versión. La otra parte mantenía que había mala intención y se negaba a pagar el importe que el otro le reclamaba.

Dentro de aquellos muros un asunto tan aparentemente trivial como era el haber herrado, o no, en la compra de una simple bobina de hilo de bordar se convirtió en un verdadero hecatombe, con decenas de defensores y detractores posicionados en uno y otro bando, y a otro nivel los funcionarios, pidiendo zanjar el asunto por el camino mas rápido sin tener en cuenta las nefastas consecuencia para las partes en aquel entorno.

Me ofrecí para mediar, fue la primera vez de otras muchas, mi sentido común me decía que no me metiera en aquel “fregao”, pero mi moral y mi ética profesional iban por otros derroteros.

No fue fácil, pero como era de esperar la mediación de una persona ajena e imparcial logro transformar el conflicto mediante la revalorización de las partes, pues la naturaleza humana posee capacidades inherentes de fortaleza y de respuesta y una resiliencia moral que permite a estas capacidades superar las tendencias a la debilidad y el cerrarse en uno mismo. Cuando estas capacidades están activadas, la espiral de conflictos se puede revertir y se puede regenerar la empatía y pasar de una interacción negativa, destructiva y alienante a una interacción positiva, constructiva y de conexión.

Cconflicto mediacion

Con este relato quiero hacer una reflexión acerca de lo ya sabido; que no hay conflictos grandes o pequeños, importantes o secundarios, sino solo conflictos, los cuales se pueden dar en contextos muy dispares y cuya magnitud dependerá del valor que le den las partes. Además siempre habrán personas alineadas en cada bando y personajes que aconsejaran su pronta resolución, sin tener en cuenta al ser humano que hay de tras.

El conflicto tiende a posicionar a las partes como víctimas y como agresores. Por muy fuerte que sea una persona, el conflicto la propulsa a una relativa debilidad. Por muy considerada que una persona sea con los demás, el conflicto la propulsa al ensimismamiento, a centrarse en si misma. Por eso se hace necesario contar un tercero ajeno, objetivo e imparcial, el mediador, con habilidades para revertir el ciclo del conflicto a positivo, constructivo y relacional.

Mª Ana Tamayo Heredia
Especialista Universitaria
en Mediación Familiar
 y Psicología Forense