La mediación y el ego en perspectiva

A los niños y niñas de 3-4 años les gusta dirigir el juego y si pretendes participar con ellos es bueno hacerte a la idea de que no existe forma alguna de ganar limpiamente. De los 7 a 9 años muchos hacen afirmaciones como “yo soy el mejor”, “soy el que corro más rápido de mi clase” sin que dichas afirmaciones sean reflejo de la realidad. Algunos dicen, sin dudas al respecto: “yo lo sé todo“…

Este pensamiento centrado en sí mismo se irá modelando poco a poco. Para lograr situarse, los adultos han de ir ayudando a los niños y niñas a mirar a los demás. Se les enseña a participar y a pertenecer a distintos grupos aceptando que no son los únicos importantes y que necesitan de los demás para aprender y para crecer.

El trabajo de no colocarse en el centro del universo dura toda la vida.

Participar en una mediación o en un proceso de diálogo real es una manera de aprender a situarnos.

Ser mediadores implica tener la capacidad de situar nuestro ego una y otra vez, maravillándonos de las propuestas que otros son capaces de inventar y que a nosotros nunca se nos habrían ocurrido. Ser mediador/a implica saber entregar el protagonismo real a las partes cuantas veces sea necesario durante el proceso, implica  devolverles su poder una y otra vez, porque estamos convencidos de que las mejores soluciones serán las que generen los involucrados en el proceso.

Ser mediador significa saber callar, saber dejar, soltar, y confiar en el otro/a ser humano.

Mónica Robledo
CIRCULO DE MEDIACIÓN

Máster Oficial  interuniveristario en
Intervención y mediación familiar
monica.robledo@circulodemediación.com